domingo, 12 de octubre de 2014

Fiesta LIVE en El Gallinero

1:09 p.m. Posted by DC 2 comments

Sábado, 27 de septiembre de 2014 

tl;dr: El cumpleaños del Turko Live, o la excusa para otro conurba fest lleno de under. UNOXUNO, José666, Los Fusibles, Delirium, y una juntada con mas olor a Trainspotting que a Stiffler's Mom.

Por Gabriela Almirón 


En una heladera chiquita, vieja, cuyo congelador enfría bien y por eso las tantas cubeteras, confluyen un montón de botellas. Y como lo material suele pertenecer a alguien, estas botellas pertenecen. Pero ninguna lleva etiqueta, ninguna lleva nombre, ya que cada cual va llegando y ritualmente depositando su contribución. Nadie discute por lo que compró y ya no está, nadie discute por nada. Vuelven a salir, al ver los vasos vacíos, o agarran algún trago de la mesa, que sería de alguno, pero eso no importa. 



Así pasa en las reuniones íntimas se diría, con la diferencia de que en este caso hay muchos; están los que son amigos de otros amigos, y otros que solamente son, que de alguna manera llegaron a Barrio Mariló, Moreno, a una casa simple, humilde pero pintoresca, donde se festeja desde el anochecer en adelante, lo que pasó el miércoles 25: el cumpleaños número treinta y tantos de Leonardo Ruiz, más conocido en Polvorines, San Miguel, Nogués, alrededores, y también no alrededores como Capital y sus partes, como el Turko Live o simplemente el Turko; este mutante que muta pero es siempre igual, siempre un artista, rellenando esa palabra con montones de actividades que lleva a cabo con éxito, no por sus estudios, no por sus capacidades o sus logros, no por los muchos años que hace que escribe y que actúa y que recita, sino porque en él habita la Musa que tantos buscan adentro de conservatorios, en salas llenas de gente, en universidades y bares de bohemios, pero se olvidan a veces de buscar en sí mismos.

En él habita el vislumbrar de la consciencia perenne, y eso lo confunde. Sin embargo, marcha. Este radiador junta, casi sin quererlo, a personas distintas que hallan entre sí una conexión: la de entenderlo. Al Turko o lo entendés, o no. Entonces ocurre que quienes lo entendemos, y más aún lo apreciamos (están quienes lo admiran muchísimo), nos hallamos encimados un sábado por la noche en el fondo de una casa, más conocido por previas fechas de rock como “El Gallinero”, por estar aun en pie los cimientos de lo que fue el gallinero de mi abuelo, que hoy en día alberga de a poco cada vez más gente y que espera convertirse en una sala de ensayo, dejando por afuera las plantas, las flores y los tanques.

 
Entonces este tipo que lleva sus días como un zig-zag de altibajos emocionales, llega esta noche pasmado. O mejor dicho, llega y se pasma, al momento de entrar y ver, entre las luces y guirnaldas, lo que será su fiesta. No hay policía

en la puerta ni heridos ni salvados, y nadie habla de política. Esta noche es el cumpleaños del Turko Live, y de todas las edades y de todos los lugares, las personas confluyen en una casa en la loma del orto que no es fácil de encontrar ni con la dirección en la mano. Pero llegan. 
Esta noche tocan en El Gallinero los JOSÉ666 y El Éter de los Siniestros, bandas de las cuales el Turko forma parte con su voz, y su cabeza. Tocan también Los Fusibles, genios todos, músicos de la puta madre, pero por sobre todo amigos de muchas noches. Y tocan los UNOXUNO, banda legendaria ya, integrada por tres mentes brillantes, que a pesar de la trayectoria, a pesar de la careteada del rock, se vienen a tocar a Mariló, gratis, claro, y lo invitan al Turko a zapar el primer tema, porque es su día; aunque se diga por ahí que es solamente una fecha. Aunque las mismas bandas que tocan sean motivo de estar, en realidad todos estamos por él, porque es el aniversario del nacimiento del que nos juntó a todos acá, como un masacote reverberante, lindo, psicodélico. Choripanes al comienzo y luego las bandas, una tras otra dejando como un egregor en el medio del patio, trepándose la música por los árboles y por las ventanas, por momentos caracol, por momentos pura fauna.


 
Me cuchichea la Noe al oído “¿Podés creer que ésto esté pasando en tu patio?” mientras bailamos con la música de los UXU que, dueños de su hábitat, al llegar se acomodan con calma, y luego descosen todos los oídos, provocando un eco que hasta hoy escucho. 
Los Fusibles hacen saltar a toda la fiesta, Fusibles y su magia reinventada cada vez en sonidos espaciales, guardianes de algún secreto. 
El Éter de los Siniestros lo hace conciso, parece un casete un tema tras otro con su correspondiente espacio, limpitos y ebrios los temas, depurados. Son anteúltimos pero sigue sonando el timbre. Los José lo hacen eterno, eterno porque hay de todo para jugar, porque José improvisa y actúa y se contornea como una lombriz, porque José es un bicho extenso con veinte monos tocando que se suplantan y se renuevan y se incorporan y nunca, nunca se sabe lo que va a pasar. 



Cada banda que toca hace retumbar las paredes con un sonido nítido. Raramente, ningún vecino se queja. Las idas vueltas y apariciones son incontables, van y vienen, van y vienen, rompen las pelotas con la puerta, con el ruido, con lo gritos, y téngase en cuenta que hay dos casas más en el terreno, para adelante, mientras que el pasillo que conduce desde la puerta de entrada al fondo de la casa, tiene más de treinta metros. Ida y vuelta treinta metros para comprar, para abrir, para espantar a los borrachos de las dos casas de adelante.

 
La pieza la cocina el baño y el patio de la casa están llenos de gente. Conozco a más de la mitad; los demás, no sé, pero es como si nos conociéramos. El fuego se mantiene encendido, después de los choris, bastante tiempo más y es rodeado, de a poco, por distintos miembros de la manada que acomodan ramitas una encima de otra, una encima de otra como una coreografía de personas girando alrededor de la luz y del calor. Al mirar para arriba, las estrellas y la luna. 
Las nubes empiezan a cubrir el cielo y algunos remontan, barriletes, porque ya se puede, porque tienen móvil o porque el colectivo hace rato que pasa. Con el cielo nublado enchufan entonces los instrumentos los Delirium Extremus, oriundos también de Polvorines, siempre preparados. Y tocan, tocan, se va haciendo de día y los cadáveres en el patio empiezan a vislumbrarse, mojados algunos por el rocío, secos otros por el refugio bajo las chapas del gallinero. Los Delirium tocan hasta que empieza la llovizna, tenue primero, después un poco más violenta. Las cosas se desenchufan y algunos se marchan, con caras contentas todavía o más que al empezar la noche.





Aún queda gente y llueve, todo se va guardando adentro rápido, las cosas importantes, los equipos. Quedan desparramados un tendal de objetos que después voy averiguando de quién son, porque estos festis son así, siempre son así. 
La lluvia va menguando y entonces se van otros pocos, incluyendo al Turko que de día agradece y se marcha con un grupo hacia la parada. Otros se apilan en los autos como contorsionistas para llegar a sus casas y apoyar la cabeza en la almohada de una vez, de una vez. Los pocos que se quedan son como de la familia.


 
Se hacen las ocho, las nueve. Hasta que abre el almacén para ir a comprar más bebidas y entonces por qué no el fuego nuevamente, desayuno de chorizos reventados a las diez de la mañana. Suficiente por hoy. Después de divagar entre las plantas y cometer algún asesinato, se van a dormir también, todos a la pieza, agotados. 
El silencio se oye tanto cuando termina la música… los pájaros en su cacería, las motos que pasan, la gente que va a comprar para el asado del domingo (porque ya no llueve, porque fue como un pequeño motín de despedida). Entonces como a las cuatro de la tarde del domingo, después de la siesta, se marchan los últimos. Barro barrido por toda la casa. Me resuena el Turko recitando con la cabeza adentro de un inodoro de concreto, de los de antes, que decora el jardín, metiendo toda la cabeza adentro y gritándoles que vengan, que salgan. Y los Delirium plenos, plenos bajo el día.


 
No necesitan refugiarse en las sombras, esta gente digo, la gente linda o loca o más cuerda que las cuerdas. No necesitan esconderse. Solamente jugar como si todo un laberinto, y los pedazos de color en anaqueles fueran moldeando un paisaje que en realidad no está, pero está. Y en nombre del Under del conurbano, en nombre de la música y las artes, en nombre del querido colega Turko Live, en todas estas mentes va a quedar guardada la fábula para los que vimos cómo desde la tierra se levantaba un humo transparente y se iba, monstruo bellísimo, alejándose del sonido y de las formas. 



2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias! Es porque estamos incorporando gente nueva y despidiendo salvajemente al resto :)

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